VI Cursos Europeos de Verano
Formar a los formadores, paso previo hacia la IA
Herramientas como ChatGPT están poniendo patas arriba ámbitos como la enseñanza, donde los alumnos superan a los profesores en conocimientos

Publicado el 28/08/2024 a las 05:00
"Europa se está jugando estar sentada en la mesa o ser parte del menú”, bromeaba este martes una de las ponentes del debate sobre el reto de la Inteligencia Artificial (IA) parafraseando la intervención de otro invitado en la jornada del lunes de los Cursos Europeos de Verano. Se refería al papel que quiere tener la Unión Europea en el futuro de esta tecnología disruptiva y al retraso por la falta de campeones digitales en su territorio.
Uno de los temas que se trataron durante la mañana fue la crítica a que el Viejo Continente parecía haberse conformado con regular un sector emergente en vez de tomar un papel protagonista. Este fracaso fue consecuencia de un error de cálculo sobre la importancia de la IA, lo que hizo que se dejara en manos de otros países su desarrollo. No obstante se consideraba que Europa todavía puede recuperar el tiempo perdido gracias al desarrollo de nuevas herramientas, lo que requeriría un esfuerzo conjunto.
Como primer paso para alcanzar ese objetivo, los ponentes destacaron la importancia de la nueva normativa sobre datos. “Estas iniciativas permiten que los ciudadanos se empoderen con sus datos y les da herramientas para protegerlos o comerciar con ellos si lo desean”, exponía Ibán García del Blanco, exeurodiputado de S&D. Para Elena Pisonero, presidenta ejecutiva de TALDIG, en Europa “no se entendió la irrupción digital como el cambio de paradigma que es”, por lo que abogaba por adoptar una visión holística a la hora de reflexionar sobre la IA. “Si no entendemos esa realidad, todo lo que hagamos será cojo y limitado”, advertía al público asistente. En ese sentido, defendía que el marco legislativo europeo era “esencial para establecer las reglas de juego, algo que no es obvio en el resto del mundo”.
García del Blanco tranquilizaba a los asistentes diciéndoles que, para usar las herramientas de IA, no era necesario ser “experto en supercomputación o programador”. Sí que, a su juicio, requeriría poner en marcha “planes de formación masivos” para evitar que algunas personas se puedan quedar atrás. “Hay agentes muy grandes que llevan varios cuerpos de ventaja, por lo que los europeos solo podemos competir si nos coordinamos y trabajamos juntos. Si no, seremos meros usuarios”, alertaba. El rector de la Universidad Pública de Navarra, Ramón Gonzalo, admitía que no era fácil seguir el ritmo que imprimen los avances de la IA y mencionaba la dificultad para adaptar los grados debido a que cualquier modificación está sometida al control de la Agencia de la Evaluación de la Calidad.
La necesidad de proporcionar formación humanística a los alumnos tecnológicos y conocimientos técnicos a los humanísticos descansaba, por tanto, en la voluntad de los propios estudiantes a la hora de seleccionar los créditos de libre elección. Pero confesaba que nada de esto puede funcionar si los profesores no han sido adiestrados previamente en el uso de la IA y sus herramientas. Ponía como ejemplo una aplicación capaz de crear un avatar capaz de adaptar al chino una clase en castellano: “Lo ven como una amenaza, no como una ventaja”. Es por ello que llevaban “año y medio” tratando de formar a los formadores antes de pasar a los alumnos.
Por ejemplo, mencionaba la necesidad de cambiar las formas de evaluar tras la irrupción de ChatGPT, capaz de hacer los trabajos de las asignaturas. “Las herramientas de control de plagio no lo detectan. El profesorado está indefenso ante estas situaciones y tiene que conseguir que los trabajos obliguen a los alumnos a usar el pensamiento crítico”, proponía. Otro peligro del que ya tienen experiencia es la capacidad de dar las respuestas a un examen a partir de una simple foto a las preguntas: “No les da para obtener un diez, pero sí como para un aprobado”.